La Inseguridad Ciudadana del Perú
En Perú, como en toda
Latinoamérica, el alto grado de inseguridad generado por la violencia y la
delincuencia obstaculizan el crecimiento económico y la reducción de la
pobreza.
Sin embargo, la falta de
datos precisos impide formular en forma adecuada el problema. En el caso de
Perú este asunto es, al parecer, particularmente grave. Aunque no existen
estudios concluyentes al respecto, se estima que sólo el 25% de los actos
delictivos son denunciados.
Por otro lado, los estudios
realizados hasta el momento para el caso peruano han incidido en una u otra
manifestación violenta o criminal para sugerir así los niveles de inseguridad
imperantes. Asimismo, gran parte de las inquietudes se han focalizado en el
ámbito de Lima Metropolitana.
Estos enfoques si bien son
valiosas contribuciones no dejan de ser parciales. Este documento busca suplir
estos vacíos. En ese sentido ha reunido y ordenado la información oficial
disponible tratando de darle coherencia estadística mediante el levantamiento
de índices. También ha interrelacionado las diversas manifestaciones de
violencia que se producen en todo el país, según tipo y frecuencia.
La inseguridad generada por
la presencia de la violencia y la delincuencia no es un problema reciente en la
sociedad peruana. Durante la década pasada el Perú sufrió los efectos de un fenómeno
subversivo muy violento, que dio como resultado cerca de 30,000 muertos y unos 25
mil millones de dólares en pérdidas materiales. Cuando en 1992 fue capturado el
líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, dando inicio a la rápida derrota de
la principal organización terrorista peruana, todo hacía suponer que el
delicado escenario anterior había sido por fin superado.
Sin embargo, la disminución
de la violencia política a niveles inocuos para la seguridad nacional permitió
ver con mayor claridad un fenómeno que venía desarrollándose desde años atrás:
la violencia delincuencial. Esto planteó nuevos retos a la política de seguridad
del país. Los daños que produce la delincuencia son elevados para el tamaño de la
economía peruana y, por otro lado, generan un clima de desconfianza muy
perjudicial para la organización social.
Además, a diferencia de lo
que ocurrió con la subversión, esta vez no se tenía al frente un problema cuyas
características podían ser definidas sin dificultad. La delincuencia común es
un fenómeno muy complejo que no responde a criterios organizacionales ni a
estrategias puntuales. Pero, el panorama de la inseguridad en Perú tiene otros
factores importantes en su composición. El narcotráfico es uno de ellos.
Durante la presente década esta actividad ilícita viene postrando una suerte de
“reconversión”, exigida por las variaciones de los precios internacionales de
los estupefacientes y las políticas de interdicción llevadas a cabo en la
región latinoamericana.
Los resultados, hasta el
momento, han sido la reducción de las áreas de cultivo de coca y, por otro
lado, que el Perú deje de ser un exclusivo productor de materia prima para pasar
a ser productor final, es decir, de clorhidrato de cocaína.
Una de las consecuencias de
estos cambios en el “negocio “de las drogas es el explosivo aumento del consumo
interno de estas sustancias, especialmente en el mercado urbano. Por otro lado,
la violación de los derechos humanos también debe ser incorporada como un
factor importante que afecta la seguridad del país. Si bien se reconoce internacionalmente
que Perú ha avanzado significativamente en este campo durante los últimos años,
es obvio que aún subsisten graves problemas al respecto.
Al lado de estas
manifestaciones ilícitas se encuentran aquellos actos de violencia que atentan
contra la seguridad de los ciudadanos, los cuales no son considerados como ilegales
por la población. Entre ellos, los más notorios son la violencia doméstica
ejercida contra las mujeres y los niños y, por otro lado, los accidentes de
tránsito. En ambos casos el Perú muestra un rápido crecimiento de casos que
resulta muy ilustrativo para medir el deterioro de las condiciones de vida.
Todas estas expresiones que
fomentan, de una u otra manera, el sentimiento de inseguridad de la población
peruana son sin duda síntomas de graves problemas que radican en la sociedad.
Sin embargo, esta explicación es parcial. El otro lado del problema es la
incapacidad institucional para hacer frente a esta realidad. Es un hecho que la
policía peruana se encuentra sumida en una profunda crisis de manera tal que
bien podría formar parte del problema, dado la gran cantidad de efectivos que
se hallan comprometidos en actos delictivos.
Asimismo, las otras
instituciones públicas que guardan relación con la seguridad pública, como son
el Poder Judicial y el sistema penitenciario, también procesan sus propias crisis
y resultan inadecuados para las circunstancias actuales que presenta el país. La
falta de respuesta por parte del Estado ha motivado que la sociedad opte por algunas
formas de defensa que, salvo algunas excepciones -como los “serenazgos” organizados
por las municipalidades de Lima Metropolitana, son más bien espontáneas y sin
ningún control institucional.
Estas respuestas sociales no
sólo son onerosas e ineficaces sino también peligrosas y contraproducentes para
disminuir la inseguridad. En los barrios urbanos marginales, por ejemplo, son
cada vez más frecuentes los linchamientos tumultuosos de supuestos
delincuentes.
Entonces la inseguridad
ciudadana se define como el temor a posibles agresiones, asaltos, secuestros,
violaciones, de los cuales podemos ser víctimas. Hoy en día, es una de las
principales características de todas las sociedades modernas, y es que vivimos
en un mundo en el que la extensión de la violencia se ha desbordado en un clima
generalizado de criminalidad. A continuación, presentamos la vertiginosa
transición de la delincuencia en el país y las causas que originan esta
incertidumbre en la sociedad.
Entre las causas de inseguridad que se detectan, está el desempleo que vive una gran cantidad de personas; las personas que atentan contra los bienes y la integridad física de los ciudadanos lo hacen, frecuentemente, por no tener un empleo estable que les garantice ingresos suficientes para mantener a su familia.
También, se identificó a la
pobreza como otra causa que puede generar agresividad y que causa, además,
altos índices de delincuencia que, generalmente, se ubican en las zonas
marginales de la ciudad. La falta de educación es otra causa. La escasa (y,
muchas veces, inexistente) educación de los ciudadanos genera delincuencia,
agresividad y, por supuesto, inseguridad en aquellas personas que se mantienen
al margen, pero que son los que sufren las consecuencias de esta situación.
Asimismo, la cultura tan pobre de nuestra población genera altos índices delictivos y de agresividad contra las personas. Puede afirmarse que, cuanta menos educación y cultura tengan las personas, más propensas a la delincuencia y al crimen serán.
Asimismo, la cultura tan pobre de nuestra población genera altos índices delictivos y de agresividad contra las personas. Puede afirmarse que, cuanta menos educación y cultura tengan las personas, más propensas a la delincuencia y al crimen serán.






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